“El viaje del todo es posible”

By ddhh88fc

El periodista y profesor del Instituto Fabián Calle, Víctor Pintos, cubrió las alternativas de los dos recitales, en Mendoza y Buenos Aires, para la revista “El Periodista”. Hoy, a la distancia, escribe su relato sobre este magnífico evento.

elperiodista_tapa“La gira de los cinco grandes del rock por el mundo tal vez sea recordada dentro de algún tiempo como el viaje del todo es posible”, escribí en una máquina portátil, que por entonces era lo que podía servir de notebook para los periodistas que viajábamos mucho. Un rato después –era el amanecer- salí para el aeropuerto. En la noche anterior, la del viernes, había sido el concierto en Mendoza. En ese día sábado que arrancaba –concretamente, en un rato, desde primera hora de la tarde- sería el de Buenos Aires.

El compañero de asiento del avión que había tenido en el viaje de ida a Mendoza, León Gieco, fue el mismo que tuve para el retorno. Y al llegar a Aeroparque, León me invitó a que lo acompañara a recorrer casas de música para comprar charangos: quería regalarle uno a Peter Gabriel. Al final terminó comprando tres, uno para Gabriel, otro para Sting y otro para Shankar, el violinista hindú.

Después, cerca del mediodía, pasé por mi casa de San Telmo para pegarme un baño y dejar el bolso, y media hora después salí para River, a ver el segundo concierto del Amnesty Tour en dos días consecutivos.

Qué afortunado fui, estuve en los dos.

Por las urgencias del cierre de las revistas, escribí mi nota el domingo a primera hora, es decir sin tiempo para digerir todo lo que había vivido en los dos días anteriores. Tuve que escribir Mendoza.

Y para el arranque usé la frase aquella que hablaba del todo es posible y seguí: “Un ejemplo corresponde al estadio Malvinas Argentinas, el mundialista de Mendoza, el sábado 15 a la 1.30, cuando el viento zonda de la tarde había alejado el calor veraniego y el frío golpeaba fuerte sobre las 27.000 personas presentes en el penúltimo tramo del tour. Los Inti Illimani están reviviendo “El aparecido”, una canción de Víctor Jara, y a su lado Sting y Peter Gabriel escuchan con respeto y se preparan para sumarse al estribillo. “Abre sendas por los cerros, deja su huella en el viento, el águila le da vuelo y lo cobija el silencio. Nunca se quejó del frío, nunca se quejó del sueño, el pobre siento su paso y le sigue como ciego”. El estadounidense Bruce Springsteen intercambia una mirada de felicidad con León Gieco y rasguea, con su guitarra de rocker, el ritmo de cueca. Más allá, los locales de Markama hacen palmas con Tracy Chapman y el senegalés Youssou N’Dour. Otros chilenos, Los Prisioneros, participan con indisimulable nerviosismo. “Córrele, córrele, córrela, por aquí, por aquí, por allá; córrele, córrele, córrela, córrele que te van a matar…” Todos los músicos juntos, los del Norte y los del Sur, en el final de un recital de diez horas, le están cantando al Che Guevara. Todo fue posible”.

Por pudor o porque no se cuentan en público los pecados, no puse en la nota que un par de horas antes había presenciado el ensayo de ese tema en el gran camarín instalado en las entrañas de la tribuna central del estadio, porque eso habría significado delatar a mi amigo León, que me había colado para que no me perdiera esa oportunidad única en la vida…

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